Empieza en los montes del Hedjaz. Aben-Zohayr, un caudillo árabe derrotado, se enamora de la hurí Fayzuly y vende su alma a Eblis para tenerla; ella huye y el valle queda maldito. Casi nueve siglos después, Abu-Kalek, viejo guerrero de Boabdil, recibe del rey ya muerto y de la hurí Rhadhyah a su hijo, Aben-al-Malek, que crece en una Alhambra levantada por los genios en el desierto. Ya mozo, el príncipe sueña con una mujer: es Fayzuly, encantada en una torre de Granada.
La novela retrocede entonces al siglo XIII. Al-Hhamar, el rey que da comienzo a la dinastía de Granada, sigue a una gacela blanca hasta una cueva, donde el genio del Porvenir le muestra en el humo lo que va a pasar. Su hijo menor, Juzef, de quince años, ama a Betsabé, una esclava que el judío Absalon guarda encadenada y que tiene en la espalda unas diminutas alas de murciélago. Es un hada maldita: si el rey levanta un castillo sobre la Colina Roja y una torre sobre la sima que hay a sus pies, ella y sus hermanas Djeidah, Zahra y Obeidah quedarán convertidas en murciélagos.
Para impedirlo, Betsabé quiere ser sultana y que el rey muera. Sus hermanas seducen a tres walíes rebeldes, los de Málaga, Guadix y Comares, mientras en Bib-Rambla se celebran las fiestas por el heredero, con un toro embrujado y un caballero de verde con un murciélago en el escudo. La sultana Wahdah, madre de Juzef, obliga a Absalon a contarle la historia de Djeouar, un juglar que heredó la calavera de un hechicero, y descubre en ella su propio origen.
Es un libro de leyendas dentro de leyendas, contado con el lenguaje florido de los cuentos orientales.
Final (contiene spoilers)
Juzef salva a su padre del levantamiento de los walíes y recibe a Betsabé por esposa, pero, dominado por ella, vierte veneno en el agua con que el rey hace sus abluciones. Guiada por el espíritu de Djeouar, Wahdah consigue la alfombra del trono de Salomón, arranca a Betsabé el anillo del sello y ordena a los genios edificar la Alhambra en una sola noche: la Torre de los Siete Suelos se alza sobre la sima y las cuatro hadas se convierten en murciélagos. Al-Hhamar despierta sin recordar la visión, aunque en ella perdonó a su hijo; todo ocurre como la soñó y muere envenenado una luna después. Quince años después de la caída de Granada, Aben-al-Malek entra en la torre y vence en cada piso una tentación: la molicie, la riqueza, la envidia, la ira, la gula, la soberbia y, en el último, a la propia Betsabé, a la que clava un puñal. Mientras se lleva a Fayzuly dormida, Juzef, arrepentido, y Djeouar se enfrentan a Aben-Zohayr y mueren perdonados; los amantes huyen a la Alhambra del Hedjaz. Aben-Zohayr queda condenado, y cada noche de San Juan, a las doce, sale de la torre en su caballo sin cabeza: «¡Ay del desventurado que vea a esa hora el caballo sin cabeza!».