Acto primero
En el patio de una estancia. Un ángulo de edificio viejo, tipo colonial, corroído por el tiempo, una puerta a la izquierda y dos al foro; al centro, en un segundo plano, un coposo árbol, y rodeando su tronco, una pajarera con pájaros. Verja a la derecha con un espacio franqueable entre dos pilares.
Escena I
El Guri, Doña Mariquita y Don Olegario
Guri.—(Chillando) ¡Señora!… ¡Madrina!… ¡Madrina!… Ahí ha venido el hijo de doña Brígida la puestera en la yegua picaza y dice que si le empriesta el palote de amasar porque va a hacer pasteles hoy…
Mariquita.—(Asomándose a una de las puertas del foro) ¿Te querés callar, condenao? ¿No ves que vas a despertar a m´hijo el dotor?… (Desaparece)
Guri.—Es que el muchacho viene apurao, porque tiene que dir también a la pulpería… ¡Ah!… y dice que si le da permiso p´atar la descornada vieja, porque va a precisar más leche… ¿Qué le digo?…
Mariquita.—(Sale precipitadamente y lo toma por el cuello, zamarreándolo) ¡Acabarás de cacarear, maldito!…
Guri.—¡Ay!…¡ay!… ¡No me pellizque! ¡Si yo no he hecho nada!…
Mariquita.—(Sin soltarlo) ¡Te viá enseñar!… ¡Trompudo!… ¡Mal criao!…
Olegario.—(Sale calmosamente e interviene) ¡Dejá esa pobre criatura!… ¡Parece mentira!… ¿Qué te ha hecho?… (Al Gurí) ¡Camine usted a cebarme mate!…
Mariquita.—Es que todos los días sucede lo mismo… Este canalla sabe que Julio está durmiendo y se pone a berrear como un condenado… ¡Y lo hace de gusto!…

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