La obra se abre con una loa, una breve pieza de presentación. España, que se proclama «teatro insigne de Europa», discute con la Apostasía, «una nación del norte» que defiende «la religión reformada», si es lícito celebrar con fiestas y teatro el misterio de la Eucaristía. Los dos Testamentos, las tres Leyes, Isaac y Sansón le muestran que Dios mismo lo quiso representar en figuras, y la Apostasía acaba convencida.
En el auto, el Autor, con un manto de estrellas, llama al Mundo y le encarga una fiesta: una comedia, «y es representación la humana vida». Reparte los papeles entre quienes aún no han nacido: el Rey, la Hermosura, el Rico, el Labrador, la Discreción, el Pobre y un Niño que morirá sin nacer. El Pobre protesta y el Autor le promete que al final lo igualará con el Rey; la comedia se titulará «Obrar bien, que Dios es Dios». El Mundo viste a cada uno y al Pobre le quita hasta la ropa.
La vida se representa entre dos puertas, una cuna y un ataúd, sin ensayo previo, y la Ley de Gracia hace de apuntador: «Ama al otro como a ti, y obra bien, que Dios es Dios». El Pobre pide limosna a todos: la Hermosura no lo ve, el Rico lo echa, el Rey lo remite a su limosnero, el Labrador le ofrece el azadón para que trabaje, y sólo la Discreción le da un pan. Luego una voz triste empieza a llamar, uno por uno, a los que deben acabar su papel.
Final (contiene spoilers)
Mueren el Rey, la Hermosura y el Labrador, cada uno arrepentido a su manera; el Rico y el Pobre salen juntos, uno desesperado por dejar su hacienda y el otro feliz de no dejar nada, y la Discreción se adelanta a la voz. En la puerta, el Mundo les quita lo que les prestó —«polvo salgan de mí, pues polvo entraron»—, pero a la Discreción le dice: «No te puedo quitar las buenas obras». El Autor los espera a una mesa con el cáliz y la hostia. Suben a cenar con él el Pobre y la Discreción; el Rey, la Hermosura y el Labrador pasan al Purgatorio, aunque el Rey sube enseguida de la mano de la Discreción, que le devuelve la ayuda que él le dio; el Niño queda sin pena ni gloria, y el Rico es arrojado al infierno. Al fin suben también la Hermosura y el Labrador, suena el Tantum ergo y el Mundo pide perdón por las faltas de la representación.