Don Juan está por salir de Madrid hacia Granada cuando su amigo don Tello, con quien hizo el viaje de México a España, le cuenta que espera a dos sobrinos de Burgos para casarlos con sus hijas: don Mendo con Leonor y don Diego con Inés. Don Juan ama a Inés y ella lo quiere, pero lo han mantenido en secreto.
Mosquito, el gracioso, ha ido a ver a los novios y vuelve con el retrato de don Diego: se levantó a las cinco y, entre las ligas, el peine, el espejo y el vestido, le dieron las dos de la tarde, tan tarde que ya no encontró misa. Ya en escena, don Diego regaña a sus criados porque no saben poner los espejos «a la moda» y jura que no hay mujer que lo mire sin enamorarse. Don Mendo, en cambio, es discreto, y Leonor queda contenta con él.
Inés no quiere desobedecer a su padre, así que le pide a don Diego, en un largo parlamento, que sea él quien rechace la boda; él solo entiende que las dos primas tienen celos por su causa. Entonces Mosquito traza un enredo: hacerle creer que una condesa viuda, prima de don Juan, se ha enamorado de él. La condesa de verdad está de viaje en Guadalupe, y quien hace su papel es Beatriz, una criada despedida de la casa, que recibe a don Diego hablando en el estilo más culto y enrevesado que encuentra.
El engaño funciona demasiado bien. Las mentiras que don Diego improvisa para salir de cada aprieto despiertan celos, malentendidos y desafíos a espada entre don Juan y don Mendo, mientras don Tello tiene lista la boda para esa misma noche.
Final (contiene spoilers)
Inés, que por celos de la dama tapada que don Diego atribuyó a don Juan había decidido casarse con su primo, descubre que todo fue invención suya, y don Mendo, a quien ella confesó su amor para evitar un duelo, se pone de su parte. Don Diego, seguro de que se casará con la condesa, le dice a su tío que no puede casarse con Inés porque ya está casado, y don Tello saca la espada. Don Mendo explica que don Juan quería pedir la mano de Inés, y don Tello, que lo estima y quiere castigar al necio, casa a Inés con don Juan y a Leonor con don Mendo. Mosquito pide entonces la mano de Beatriz; don Diego protesta que es su mujer y una condesa disfrazada, y ella lo desengaña: «Yo descubriros no puedo / más de que soy Beatricilla, / y vos el lindo don Diego».