
La conversión de la Magdalena
Artemisia Gentileschi, c. 1615–1616
Qué se ve
Una mujer de cabello rizado está sentada de lado, envuelta en un vestido de seda amarilla que ocupa casi todo el cuadro. Con una mano se toca el pecho y con la otra aparta un espejo colocado sobre una mesa verde, a la derecha. Gira la cabeza en sentido contrario y mira hacia arriba. A la izquierda hay una silla de respaldo rojo, y abajo a la derecha asoma un frasco.
El amarillo de la seda, con grandes brillos y sombras anaranjadas, se impone sobre un fondo casi negro. Vale la pena mirar el espejo: encima se lee la inscripción latina «Optimam partem elegit», y en su superficie apenas se distingue el reflejo de una oreja con una perla. Abajo asoma un pie descalzo.
Sobre Artemisia Gentileschi
Artemisia Gentileschi aprendió a pintar en Roma, en el taller de su padre Orazio, seguidor de Caravaggio, de quien tomó los fuertes contrastes de luz y sombra. En 1616 fue la primera mujer admitida en la Academia de las Artes del Dibujo de Florencia, y después trabajó en Venecia, Londres y Nápoles para nobles y reyes. Pintó sobre todo heroínas de la Biblia y de la historia con una fuerza y una decisión poco comunes; tras siglos de olvido, hoy es una de las pintoras más admiradas del Barroco.
Más obras de Artemisia Gentileschi
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