
Autorretrato como tañedora de laúd
Artemisia Gentileschi, c. 1615–1618
Qué se ve
La pintora aparece de medio cuerpo, girada hacia la derecha, con un gran laúd apoyado en el regazo. Una mano pulsa las cuerdas junto a la roseta y la otra presiona el mástil, que se extiende hacia el borde derecho. La cabeza, en cambio, se vuelve hacia nosotros: nos mira de reojo, seria y segura. El instrumento y el brazo forman una diagonal que cruza el cuadro.
El fondo oscuro deja brillar el azul del vestido, con bordados dorados, y la piel iluminada desde la izquierda. Lleva el cabello trenzado y recogido en un turbante claro con franjas. Vale la pena mirar la roseta calada del laúd, como un encaje, las clavijas oscuras en fila y el lazo de tela que asoma bajo el instrumento.
Sobre Artemisia Gentileschi
Artemisia Gentileschi aprendió a pintar en Roma, en el taller de su padre Orazio, seguidor de Caravaggio, de quien tomó los fuertes contrastes de luz y sombra. En 1616 fue la primera mujer admitida en la Academia de las Artes del Dibujo de Florencia, y después trabajó en Venecia, Londres y Nápoles para nobles y reyes. Pintó sobre todo heroínas de la Biblia y de la historia con una fuerza y una decisión poco comunes; tras siglos de olvido, hoy es una de las pintoras más admiradas del Barroco.
Más obras de Artemisia Gentileschi
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