
Autorretrato como alegoría de la Pintura
Artemisia Gentileschi, c. 1638–1639
Qué se ve
Artemisia se retrata de tres cuartos, inclinada hacia un lienzo que apenas vemos, a la izquierda. Su brazo derecho sube en diagonal con el pincel a punto de tocar la tela, y la otra mano, abajo, sostiene la paleta y más pinceles. No mira al espectador: tiene los ojos fijos en su trabajo. Su cuerpo traza una línea que va de la mano alzada a la paleta.
El fondo es un muro café, casi liso, que deja todo el protagonismo a la figura, iluminada desde la izquierda. La seda verde del vestido, con reflejos violáceos, resalta contra la pared. Conviene buscar el pequeño colgante en forma de máscara, la manga arremangada con encaje y las letras «A.G.F.» en el borde de la mesa.
Sobre Artemisia Gentileschi
Artemisia Gentileschi aprendió a pintar en Roma, en el taller de su padre Orazio, seguidor de Caravaggio, de quien tomó los fuertes contrastes de luz y sombra. En 1616 fue la primera mujer admitida en la Academia de las Artes del Dibujo de Florencia, y después trabajó en Venecia, Londres y Nápoles para nobles y reyes. Pintó sobre todo heroínas de la Biblia y de la historia con una fuerza y una decisión poco comunes; tras siglos de olvido, hoy es una de las pintoras más admiradas del Barroco.
Más obras de Artemisia Gentileschi
En el Museo de Arcadópolis hay 443 obras de dominio público en 40 salas, para recorrer gratis en 3D desde el navegador.









