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Portada de «Sueños y discursos»

Sueños y discursos de Francisco de Quevedo: leer gratis en línea y descargar en PDF o EPUB

Francisco de Quevedo (1580–1645)

Sueños y discursos es la obra satírica en prosa de Francisco de Quevedo, publicada en Barcelona en 1627: cinco visiones del Juicio Final, del infierno, del mundo y de la muerte por las que desfilan médicos, escribanos, alguaciles, sastres, hipócritas y poetas, juzgados sin piedad y con mucha risa. Aquí lo lees completo y gratis, sin registrarte, o lo descargas en PDF o EPUB.

Gratis y sin registrarte. Obra de dominio público.

De qué trata

Son cinco piezas, cada una con su dedicatoria o su prólogo burlón al lector. En «El sueño del Juicio Final» el narrador se duerme leyendo sobre el fin del mundo y ve a un mancebo tocar la trompeta: los muertos salen de las sepulturas buscando sus brazos y sus ojos, y ante el trono de Dios comparecen un avariento que interpreta los mandamientos a su manera, un pastelero acusado de vender gato por liebre y, al final, Judas, Mahoma y Lutero.

En «El alguacil endemoniado» el narrador entra en la sacristía de San Pedro, donde el licenciado Calabrés, un clérigo hipócrita, exorciza a un alguacil poseído. El diablo protesta: «No es hombre, sino alguacil», y aclara que los diablos están en los alguaciles «por fuerza y de mala gana»; luego cuenta cómo se reparten en el infierno poetas, enamorados, reyes y jueces. En el «Sueño del infierno» el narrador encuentra dos sendas: la de la derecha, angosta y llena de abrojos; la de la izquierda, ancha, con coches, fiestas y ventas a cada paso. Escoge la segunda y entra en el infierno «por una puerta como de ratonera, fácil de entrar y imposible de salir».

«El mundo por de dentro» cambia de escenario: un viejo de canas venerables y ropa hecha jirones, el Desengaño, lleva al narrador a la calle mayor del mundo, que se llama Hipocresía, y le enseña qué hay detrás de un entierro, del llanto de una viuda y de una mujer hermosa. En el «Sueño de la muerte», fechado en prisión, la Muerte en persona, moza por un lado y vieja por el otro, lleva al narrador vivo a visitar a los difuntos, que se quejan de los refranes que los vivos les cuelgan: Juan de la Encina, el Rey que rabió, Pero Grullo, la dueña Quintañona o el alma de Garibay.

Final (contiene spoilers)

Cada sueño termina a su manera. El del Juicio acaba cuando el narrador, al ver a un médico penando en un orinal y a un boticario en una medicina, se despierta con sus propias carcajadas. Calabrés, harto de las verdades del diablo, lo hace callar con sus exorcismos. En el infierno, después de ver a Judas rodeado de despenseros, a los herejes y a Mahoma, el narrador visita el camarín de Lucifer y sale «como espantado». El Desengaño cierra su recorrido desmontando pieza por pieza la belleza de la mujer que el narrador admiraba. En la visita a los muertos, un nigromántico que vive hecho tajadas dentro de una redoma pregunta qué año es; al oír «De seiscientos veintidós» y que ya reina Felipe IV, vuelca la redoma y sale corriendo. Al final, el narrador llama cabrón a Diego Moreno, el marido de los entremeses, se lía a golpes con él y despierta en su aposento «tan cansado y tan colérico como si la pendencia hubiera sido verdad».

Personajes principales

El narrador
el propio Quevedo, que sueña, pregunta, se ríe y a veces se compadece de lo que ve.
El licenciado Calabrés
clérigo hipócrita y «gran cazador de diablos» que exorciza al alguacil.
El diablo del alguacil
demonio de lengua afilada que, desde el cuerpo del alguacil, dice verdades incómodas sobre todos los oficios.
El Desengaño
viejo de ropa rota y rostro golpeado que quiere enseñar el mundo como es y no como parece.
La Muerte
figura cargada de coronas, cetros, tiaras y abarcas, con un ojo abierto y otro cerrado, que se niega a ser solo una calavera.
Judas
aparece en el Juicio y en el infierno, rodeado de despenseros, y discute con el narrador.
Los muertos de los refranes
Juan de la Encina, el Rey que rabió, Mateo Pico, Pero Grullo, la dueña Quintañona, don Diego de Noche y Diego Moreno, entre otros.

Temas y contexto

Quevedo escribió los sueños por partes: las cartas y dedicatorias que los acompañan llevan fechas de 1608, 1612 y 1622, y el libro se imprimió en Barcelona en 1627. La censura le había impedido publicar los primeros en 1610. Es prosa del Barroco: juegos conceptistas, alegorías y un léxico riquísimo al servicio de la sátira de todos los oficios y estados de la España de su tiempo.

Se sigue leyendo por su humor feroz: el sastre que pregunta «¿Qué pude hurtar yo, si andaba siempre muriéndome de hambre?», los poetas condenados por culpa del consonante, el hidalgo que presume de ejecutoria. Junto a la risa hay una moral seria sobre la honra mundana, la hipocresía o la muerte, porque «ningún hombre muere de repente». Conviene saber que sus burlas alcanzan también a razas, nacionalidades y defectos físicos, algo que la crítica atribuye a las obsesiones particulares de Quevedo.

Sobre el autor

Francisco de Quevedo nació en Madrid el 14 de septiembre de 1580 y murió en Villanueva de los Infantes el 8 de septiembre de 1645. Poeta, prosista y político del Siglo de Oro, maestro del conceptismo y rival de Luis de Góngora, escribió también la novela picaresca La vida del Buscón.

Fue caballero de la Orden de Santiago y sufrió varios destierros y prisiones; la última, en el convento de San Marcos de León, duró hasta 1643.

Datos de lectura

Primera publicación
1627
Género
Fantasía y ciencia ficción
Páginas
127 en el PDF tamaño carta
Palabras
43,447
Lectura
≈ 3 h 10 min
Idioma
Español
Formatos
PDF tamaño carta (622 KB) y EPUB (155 KB)
Licencia
Dominio público

Así empieza

El Sueño del Juicio Final

Al conde de Lemos, presidente de IndiasA manos de V. Excelencia van estas desnudas verdades que buscan no quien las vista, sino quien las consienta, que a tal tiempo hemos venido que, con ser tan sumo bien, hemos de rogar con él. Prométese seguridad en ellas solas. Viva vuestra Excelencia para honra de nuestra edad.DON FRANCISCO QUEVEDO VILLEGAS.[Discurso]Los sueños dice Homero que son de Júpiter y que él los envía, y en otro lugar que se ha de creer. Es así cuando tocan en cosas importantes y piadosas o las sueñan reyes y grandes señores, como se colige del doctísimo y admirable Propertio en estos versos:Nec tu sperne piis venientia somnia portis:cum pia venerunt somnia, pondus habentDígolo a propósito que tengo por caído del cielo uno que yo tuve en estas noches pasadas, habiendo cerrado los ojos con el libro del Beato Hipólito de la fin del mundo y segunda venida de Cristo, lo cual fue causa de soñar que veía el Juicio Final. Y aunque en casa de un poeta es cosa dificultosa creer que haya juicio aunque por sueños, le hubo en mí por la razón que da Claudio en la prefación al libro 2 del Rapto, diciendo que todos los animales sueñan de noche como sombras de lo que trataron de día; y Petronio Arbitro dice:

Et canis in somnis leporis vestigia latraty hablando de los jueces:Et pauidi cernunt inclusum chorte tribunalPareciome, pues, que veía un mancebo que discurriendo por el aire daba voz de su aliento a una trompeta, afeando con su fuerza en parte su hermosura. Halló el son obediencia en los mármoles y oído en los muertos, y así al punto comenzó a moverse toda la tierra y a dar licencia a los huesos, que andaban ya unos en busca de otros; y pasando tiempo, aunque fue breve, vi a los que habían sido soldados y capitanes levantarse de los sepulcros con ira, juzgándola por seña de guerra; a los avarientos con ansias y congojas, celando algún rebato y los dados a vanidad y gula, con ser áspero el son, lo tuvieron por cosa de sarao o caza. Esto conocía yo en los semblantes de cada uno y no vi que llegase el ruido de la trompa a oreja que se persuadiese que era cosa de juicio. Después noté de la manera que algunas almas venían con asco, y otras con miedo huían de sus antiguos cuerpos. A cuál faltaba un brazo, a cuál un ojo, y diome risa ver la diversidad de figuras y admirome la providencia de Dios en que, estando barajados unos con otros, nadie por yerro de cuenta se ponía las piernas ni los miembros de los vecinos. Solo en un cementerio me pareció que andaban destrocando cabezas y que veía un escribano que no le venía bien el alma y quiso decir que no era suya por descartarse de ella.

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Preguntas frecuentes

¿De qué trata Sueños y discursos?

De cinco visiones satíricas, del Juicio Final al reino de los muertos, en las que Quevedo se burla de los vicios de cada oficio.

¿Cuántas páginas tiene Sueños y discursos?

En el PDF tamaño carta de esta edición tiene 127 páginas; son unas 43,000 palabras, cerca de 3 h 10 min de lectura.

¿Se puede descargar Sueños y discursos gratis en PDF?

Sí. Aquí lo descargas gratis en PDF tamaño carta, listo para imprimir, o en EPUB, sin registrarte.

¿Sueños y discursos es de dominio público?

Sí. Se publicó en 1627 y Francisco de Quevedo murió en 1645, hace más de tres siglos y medio, así que se puede leer, imprimir y compartir libremente.

¿Es el mismo libro que Los sueños de Quevedo?

Sí, así se le conoce también. En 1631 salió una versión recortada por la censura, Juguetes de la niñez, que cambió el título de varios sueños (Sueño de las calaveras, Visita de los chistes); aquí se leen con los títulos de 1627.

Esta edición

Sueños y discursos, de Francisco de Quevedo (1580–1645), se publicó por primera vez en 1627. Es una obra de dominio público en todo el mundo: su autor murió hace más de cien años.

Texto basado en la transcripción de dominio público de Wikisource en español (https://es.wikisource.org/wiki/Sue%C3%B1os_y_discursos), revisada y recompuesta para esta edición. Se eliminaron las plantillas y la navegación de la página y todo lo ajeno a la obra.

Cubierta y diseño originales de la Biblioteca de Arcadópolis.

Fuente del texto: Wikisource

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