El primer relato, y el más largo, es «El amigo de la muerte»: en el Madrid de 1724, Gil Gil, criado como hijo de un zapatero de viejo, ha perdido a su protector, el conde de Rionuevo, y a la muchacha que ama, Elena de Monteclaro. Una noche de lluvia, sin nada, se lleva a los labios un bote de aceite vitriolo, y una mano fría le toca el hombro: «¡HOLA, AMIGO!». Es la Muerte, que le ofrece hacerlo médico: un médico que la vea y sepa, por el lugar donde ella está, si el enfermo vivirá o morirá. Con ese don se presenta ante Felipe V en La Granja, mientras su hijo Luis I agoniza de viruelas.
En «La mujer alta», contada en 1875 junto a una fuente del Guadarrama, el ingeniero Gabriel quiere probar a sus amigos que aún ocurren cosas sobrenaturales: su amigo Telesforo, que desde niño temía a las mujeres solas de noche, se cruzó de madrugada con una vieja altísima, mellada, con un abanico diminuto, y las dos veces que la vio le llegó enseguida la noticia de una desgracia. En «Los seis velos», Rafael ve al amanecer a una muchacha tras una cortinilla blanca y la busca toda la vida; cada encuentro tiene un velo de un color, comentado con humor por el autor.
«Moros y cristianos» es una comedia negra: en 1821, el tío Juan Gómez Hormiga, alcalde de Aldeire, derriba una torre morisca y encuentra un pergamino en árabe que pasa, de engaño en engaño, de un abogado de Ugíjar a un maestro de capilla de Ceuta y de ahí a un moro vendedor de gallinas. Completan el libro «El año en Spitzberg», diario de un desterrado en el Ártico; «Soy, tengo y quiero», diálogos de un poeta pobre con su musa; «Los ojos negros», tragedia de celos en un castillo más allá del círculo polar, y «Lo que se oye desde una silla del Prado», un mosaico de frases oídas en el paseo madrileño en el verano de 1874.
Final (contiene spoilers)
Gil Gil se casa con Elena, pero la Muerte vuelve a buscarlo, lo lleva en un carro de huesos alrededor de la Tierra hasta su casa de hielo en el Polo y le revela que es el año 2316: aquella noche se bebió el veneno y lleva casi seiscientos años muerto; todo lo vivido fue un sueño que ella le dio en la tumba para salvar su alma antes del Juicio Final, y Gil y Elena quedan helados, de rodillas y de la mano. Telesforo muere de ictericia, y en su entierro Gabriel ve a la mujer alta reírse y reconocerlo; no volvió a verla. Rafael encuentra a Matilde por última vez muerta, en la caja de las Ánimas de una iglesia, bajo un velo amarillo. En «Moros y cristianos», un renegado mata al moro para quedarse con el pergamino, pero lo delata una carta de su víctima y lo ahorcan en Granada; el tesoro causa cinco muertes y todo queda tan oculto como al principio. El desterrado del Spitzberg, a punto de morir desangrado por su propia mano, es rescatado por un ballenero, y en «Los ojos negros» el conde Magno y don Alfonso de Haro se hunden abrazados en el Maelstrom.