Es de noche en el palacio de Diana, condesa de Belflor, en Nápoles. Dos hombres embozados huyen escaleras abajo, y uno de ellos tira el sombrero a la lámpara para apagarla. Diana, furiosa, interroga a sus damas una por una, y Anarda acaba confesando: el intruso era Teodoro, el secretario de la casa, que venía a ver a Marcela. Marcela asegura que él quiere casarse con ella, y la condesa promete ayudarlos.
Pero en cuanto se queda sola, Diana confiesa en un soneto lo que siente: si Teodoro fuera más, o ella menos, lo querría. Empieza entonces su juego. Le da a leer un poema de amor que dice escrito por «cierta amiga», le pide consejo para esa amiga enamorada de un hombre humilde, se cae y le pide que le dé la mano. Teodoro entiende, deja a Marcela y se atreve a soñar con ser conde de Belflor; Marcela, despechada, se consuela con Fabio.
Cada vez que Teodoro se acerca, Diana se acuerda de quién es y lo rechaza; cada vez que él vuelve con Marcela, ella lo reclama con celos, con una carta que le dicta y hasta con bofetones, que luego le paga con dos mil escudos. Como dice él, es el perro del hortelano: ni come ni deja comer. Sus pretendientes, el marqués Ricardo y su primo el conde Federico, sospechan lo que pasa y contratan a un supuesto matón para quitar de en medio al secretario, sin saber que es Tristán, el lacayo de Teodoro. Teodoro pide licencia para irse a España; Tristán, en cambio, trama otra salida.
Final (contiene spoilers)
Tristán se disfraza de mercader griego y visita al anciano conde Ludovico, que hace veinte años perdió a un hijo llamado Teodoro, cautivo de los moros cuando lo enviaba a Malta; con una historia inventada lo convence de que el secretario de Diana es ese hijo. Ludovico lo abraza entre lágrimas, y Diana, ya sin obstáculo, anuncia que se casará con él esa misma noche. Teodoro, por honradez, le confiesa que todo es invención de Tristán; Diana se casa igual y amenaza con hacer echar al lacayo a un pozo para guardar el secreto, aunque acaba perdonándolo. Ricardo descubre al falso matón, Teodoro lo defiende y lo casa con Dorotea, Marcela se casa con Fabio, y la comedia termina pidiendo al público que guarde el secreto de Teodoro.