I
Yo soy aquel que ayer no más decíael verso azul y la canción profana,en cuya noche un ruiseñor habíaque era alondra de luz por la mañana.
El dueño fui de mi jardín de sueño,lleno de rosas y de cisnes vagos;el dueño de las tórtolas, el dueñode góndolas y liras en los lagos;y muy siglo diez y ocho y muy antiguoy muy moderno; audaz, cosmopolita;con Hugo fuerte y con Verlaine ambiguo,y una sed de ilusiones infinita.
Yo supe de dolor desde mi infancia,mi juventud… ¿fue juventud la mía?sus rosas aun me dejan su fragancia—una fragancia de melancolía…
Potro sin freno se lanzó mi instinto,mi juventud montó potro sin freno;iba embriagada y con puñal al cinto;si no cayó, fue porque Dios es bueno.
En mi jardín se vio una estatua bella;se juzgó mármol y era carne viva;una alma joven habitaba en ella,sentimental, sensible, sensitiva.
Y tímida ante el mundo, de maneraque encerrada en silencio no salía,

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